Dogon

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Texto del catálogo original

El nombre “Dogon”, es un nombre dado por ellos mismos. Sus vecinos, los Peul, musulmanes, les llaman “Habé”. Esta palabra significa pueblo infiel, pueblo descreído, porque estaban situados cerca de Tombuctú, la ciudad intelectual y espiritual del África occidental.

Los Dogon han permanecido siempre alejados del movimiento islámico, quizás, en parte, debido a su aislamiento geográfico, pues su país se encuentra enclavado en el centro del meandro del Níger, al sur de Tombuctú, entre Bandiagará y Hombori. Se piensa que están en esta región desde hace varios siglos. Desde allí han visto cómo el Islam iba ocupando casi toda el África del oeste. Han permanecido fieles al animismo y han protegido su civilización contra la influencia del Mahometismo. El Islam, al permitir a los conversos, contrariamente al cristianismo, que pudieran seguir con sus creencias y prácticas animistas siempre que fueran respetuosos servidores de la ley islámica, se fue extendiendo por África con increíble rapidez.

Algunos investigadores y etnólogos que trabajaron en la región de los barrancos de Bandiagará estiman que otro pueblo, los Tellem, ocupó la zona antes que los Dogon. También hay quien piensa que los Tellem serían los ancestros de los Dogon, y una tercera tesis sostiene que se trataría de dos pueblos totalmente distintos. Pero, los Dogon dicen que descienden de los Tellem.

En cualquiera de los casos es un pueblo ayoritariamente de campesinos. Cultivan principalmente el mijo, en pequeñas plantaciones colgadas de las paredes de los barrancos. Muchos de estos pequeños campos están sostenidos por pedruscos de barro seco. Además de estos pequeños campos, cultivan otros, en los valles, al pie de los barrancos. También sus casas y sus graneros están colgados o construidos en las oquedades de las paredes. Unas rústicas escalas de madera o de cuerda les permiten el acceso.

Producción artística de los Dogon

El artista dogon utiliza con mucha frecuencia, para sus máscaras, una madera dura, resistente que se parece a la piedra, conocida vulgarmente como madera de hierro. Aunque la verdadera “madera de hierro” es la “bibinga” o bubinga” de uso frecuente por los Bamun y los Bamileké, pero difícil de encontrar en país dogon.

El trabajo de esculpir las máscaras rituales está reservado, como en otras sociedades, a la casta de los herreros. También esculpen estatuas, puertas, ventanas de granero y objetos diversos. Igualmente pueden encontrarse máscaras fabricadas con cortezas o con fibras trenzadas y adornadas con cauris. Las tradiciones orales cuentan que estas máscaras serían muy antiguas

El cauri, pequeña concha originaria de los países orientales, además de ser un adorno tradicional en África ha servido de moneda en muchas culturas del Continente, a lo largo de siglos. Ha sido, por lo tanto y hasta hace pocas décadas, un símbolo de riqueza y empleado en numerosas prácticas adivinatorias. Es símbolo de fertilidad de la mujer dada su forma de sexo femenino. Entra en la confección de numerosos amuletos. El cazador ata una fina banda de tela insertada de cauris alrededor de la culata de su arma para obtener buena caza y ser protegido contra los peligros. Es ornamento indispensable de numerosas máscaras y de vestimentas ceremoniales. Es en cualquier caso uno de los símbolos positivos por excelencia de las civilizaciones africanas.

Las características artísticas de muchas de las máscaras dogon podrían formar parte de la escuela cubista si nos atenemos a la expresión plana del rostro. Las máscaras de madera están talladas en un plano vertical, con una decoración pintada a base de manchas, o en donde también se encuentran triángulos negros, rojos y blancos. Estos colores se obtienen de tierras rojas, del caolín blanco y de jugos vegetales, raíces o cortezas y de hojas machacadas. El color marrón se obtienen a partir del alheña, arbusto exótico cuyas hojas producen un tinte amarillo o rojo que se emplea también para dar colorido a los cabellos. Las mujeres norteafricanas lo emplean para realizar sus tatuajes.

Muchas de las máscaras llevan unas aberturas triangulares o cuadradas para facilitar la visión durante su porte. La nariz suele estar representada por una plancha muy fina, alargada, en el plano vertical del rostro, que queda prácticamente dividido en dos partes. Su terminación característica en forma de flecha es signo distintivo del arte dogón. La boca, cuando aparece, es siempre una protuberancia. Las máscaras de menor tamaño, como la máscara” liebre” o “leopardo”, se mantienen por medio de una varilla de madera transversal, en la cara interior, que el portador sujeta entre los dientes. Los Baule y los Guro, entre otros muchos pueblos, utilizan también este sistema.

Las máscaras dogón desarrollan diversas funciones:
1.- Representan a los diversos tipos sociales, máscara del
anciano, de la mujer anciana, máscara del cazador, máscara del zapatero, máscara del bandido, y, cosa curiosa, máscara de la joven Peul.

2.- Además, tienen una serie de máscaras zoomorfas que
representan a los animales más frecuentes de su entorno: mono negro, mono blanco, cocodrilo, antílope, hiena, liebre.
3.- Una tercera serie de máscaras representa a los genios del
bosque.
4.- Algunas máscaras, muy raras, son retratos de los antepasados.
5.- Y,finalmente, están las máscaras llamadas de “pisos”. Los informadores cuentan que estas máscaras son bastante recientes comparadas con las máscaras de cortezas. Las máscaras de pisos están talladas en un solo árbol, algunas llegan a medir cinco metros. El portador de estas máscaras, además de tener una gran fortaleza física, ha de ser un verdadero acróbata, pues si cae y la máscara se rompe puede sucederle una desgracia, a él, a su sociedad de danzas y a su grupo étnico.

La máscara llamada “Kanaga” tiene su rostro y su frente tallados en cortavientos. Lleva siempre unas aberturas triangulares o rectangulares para figurar los ojos. Los brazos transversales están formados por dos tablillas adicionadas y atadas en equis de iguales dimensiones. La parte superior puede estar rematada con dos pequeñas estatuillas.

Todas las máscaras que acabamos de enumerar son atributos de las sociedades secretas de los hombres e intervienen en los funerales masculinos y en los levantamientos del luto, que siempre tiene lugar dos o tres años después del fallecimiento de un personaje importante.

Asimismo, la máscara juega un papel importante en el momento de las siembras; se coloca en los campos para impedir el robo de los frutos y defender las cosechas de los malos espíritus que puedan rondar por el poblado.

Una vez terminada la cosecha ritual, se retiran las máscaras; los Dogon las guardan al abrigo de las rocas y en las oquedades de las paredes de sus barrancos, lejos de la mirada de las mujeres.

Hay otra máscara, aún de mayor tamaño que las máscaras de pisos, que los Dogon llaman la “madre de las máscaras”. Puede llegar a tener una altura total de diez metros, con un enorme rostro humano. Es la máscara más sagrada de entre todas las máscaras dogon y jamás es portada. Su color es gris ceniza, roja en algunas partes, pero a fuerza de recibir la sangre de los animales adquiere un aspecto oscuro y cuarteado. Cuando fallece un anciano, dignatario de la sociedad de los hombres, se coloca la “madre de las máscaras” en su terraza para la celebración de las ceremonias nocturnas.

Cuenta la leyenda que los primeros hombres, no morían; cuando alcanzaban una avanzada edad se transformaban en genios o en serpientes para acceder a un mundo en el que se hablaba otra lengua distinta de la de los humanos. Y esta lengua, jamás debía de ser empleada delante de los humanos. Un anciano habló y se castigó su infracción : este anciano fue el primer cadáver humano.

Para aplacar el resentimiento del muerto con respecto al vivo el Dogon esculpió la primera máscara llamada “madre de las máscaras”. Esta gran máscara, según la leyenda es la imagen de la serpiente en la que el anciano habría podido convertirse. Por esta razón, recogida en los mitos de distintas etnias, muchos africanos no comen serpiente y muchos de ellos la han convertido en su animal totémico.

Para aplacar el resentimiento del muerto con respecto al vivo el Dogon esculpió la primera máscara llamada “madre de las máscaras”. Esta gran máscara, según la leyenda es la imagen de la serpiente en la que el anciano habría podido convertirse. Por esta razón, recogida en los mitos de distintas etnias, muchos africanos no comen serpiente y muchos de ellos la han convertido en su animal totémico. Entre las distintas danzas organizadas durante las ceremonias del luto hay danzas que cuentan esta leyenda.

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