Figuras Ecuestres

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Texto del catálogo original

La representación de un hombre montado a caballo constituye una figura redundante en la producción artística de numerosas etnias africanas. La caballería fue decisiva para la expansión de los imperios Mossi y Songhay, al tener que enfrentarse los enemigos a una fuerza desigual. Para los Dogon el caball está asociado al arca que, pues en su cosmogonía, descendió del cielo suspendida a un hilo de cobre portando al primer antepasado que se transformó en caballo para arrastrarla hasta encontrar las primeras lluvias que la hicieran flotar como una piragua. El arca es representada como una especie de arcón rectangular con una cabeza y una cola de caballo en los extremos. Además simboliza a Lebe, el espíritu de los nommo que trajo la fecundidad a la tierra y el fuego a los hombres. Para los Baulé y los Senufo las figuras ecuestres de madera son mediadoras en los procesos adivinatorios al igual que lo son las figuras de forja de los Lobi y para los Yoruba personifican a Obatala, una de las 16 divinidades secundarias encargadas por Olorun, dios del Cielo, de crear el mundo y de introducir la vida en él. Otras muchas etnias han creado estas figuras que pueden representar a guerreros, dignatarios, monarcas e incluso seres del más allá, ya sea en madera las más numerosas, en bronce, hierro, terracota o en piedra. Muchas de ellas se guardan en los altares familiares con diversos fines, pues sirven también de mediadores con el mundo sobrenatural para pedir la fertilidad, la fuerza y la curación de las enfermedades.

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