Kota

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Texto del catálogo original

El pueblo Kota está situado en Gabón con una pequeña representación en la república Democrática del Congo sobre una meseta, de clima ecuatorial, que domina por el oeste el alto valle del Ogué y por el este la ribera del Congo. Zona rica en agua, abundan los ríos y las zonas pantanosas. El Ivindo junto con el Ogué son sus dos ríos principales que cuentan con numerosos afluentes.
Los Bakota forman una sociedad muy eterogénea que cuenta con numerosos subgrupos en los que la ubicación geográfica juega un papel importante, dominando el régimen matrilineal en los grupos del norte y el matrilineal en los del sur. Cada grupo tiene su propio dialecto aunque se comprenden fácilmente entre ellos. El culto del Bwete a los antepasados está generalizado al igual que las sociedades iniciáticas la Mungala y Ngoy para los hombres y la Lisimbu para las mujeres. Y como nos dice Louis Perrois, al igual que en todo Gabón, practican periódicamente y sobretodo en situaciones especialmente difíciles los rituales de adivinación, curación y propiciación, que junto con los ritos de paso y la revelación de las máscaras son las manifestaciones esenciales de la comunidad bakota. Los rituales de curación son obra de las mujeres mientras que los hombres se ocupan de la lucha contra la brujería y de los rituales iniciáticos.
La célula principal es la familia en la que hombres y mujeres realizan tareas complementarias, tanto en la casa como en el trabajo, caza y pesca, guerra cuando la hay, para los hombres y el cuidado principal de la casa y la educación de los hijos para las mujeres. Los clanes son independientes y aunque teóricamente tienen un jefe en realidad es un grupo de notables quienes se encargan de la solución de los conflictos y de establecer el orden en la comunidad.
A pesar de la aparente similitud, en la diversidad, de sus objetos de culto cada grupo kota tiene sus propias costumbres.

La familia Kota reúne tantos estilos como grupos étnicos componen su pueblo. Son principalmente conocidos por el culto que dedican a los muertos. En tiempos pasados dejaban a los muertos a merced de los elementos de la naturaleza, más tarde comenzaron a enterrarlos y luego a conservar parte de los huesos más importantes en unos cestos que servían de relicario, llamados bweté, guardados por unas figuras estilizadas recubiertas de placas de cobre.

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