Gurunsi

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Texto del catálogo original

Parece confirmado que los Gurunsi ocupaban ya las tierras en las que siguen implantados actualmente a partir del siglo XII después de abandonar el Sudán. La denominación “Gurunsi” se emplea para designar un conjunto de etnias afines pero diferentes que viven en el suroeste de la meseta Mossi, pero no corresponde a ninguna etnia concreta, es un nombre dado por los Mossi a estas poblaciones a las que nunca lograron someter. Entre estas etnias se encuentran los Winiama, Lela, Nunuma, Nuna, Nankala, Sisana, entre otras. Estas poblaciones han estado marcadas desde el siglo XVI por la sangrienta trata negrera que se mantuvo hasta la abolición de la esclavitud a finales del siglo XIX. Han sufrido también reiterados ataques por parte de los Mossi pero han logrado siempre conservar su independencia. Los dirigentes de estas comunidades son los llamados “jefes de la tierra”, descendientes de los antepasados fundadores de cada comunidad.
Los Gurunsi viven generalmente en grupos que están bajo la autoridad de los ancianos, sacerdotes de la tierra, que son los descendientes del linaje fundador del poblado. Habitan chozas decoradas artísticamente con dibujos de líneas geométricas, semejantes a las de sus máscaras, realizados con pigmentos naturales. Son hospitalarios y famosos entre sus vecinos por su peculiar saludo, “frafra”, “buena suerte, o que te vaya bien”, que repiten continuamente al viajero o a quienquiera que se cruce con ellos.
La iniciación de los muchachos tiene lugar a partir de los diez años y durante las ceremonias de iniciación las máscaras desempeñan un papel importante. Mientras dura esta “escuela de la selva” los jóvenes aprenden la historia de su comunidad y las reglas morales necesarias para acceder al mundo de los adultos. La iniciación les revela los significados de la máscara que constituye que constituye la base de sus enseñanzas. El recorrido iniciático de cada joven está sembrado de obstáculos consistentes en pruebas físicas, morales y espirituales que han de superar, entre ellas las luchas contra las máscaras, tan temidas por los jóvenes iniciados.

Sus producciones artísticas más conocidas son las de los Winiama, Lela, Nuna y Nunuma, principalmente máscaras con rica policromía, muy semejantes a las de sus vecinos Bwa y Mossi. La pertenencia de una máscara a un grupo o a otro es difícil de diferenciar. Creen en un ser supremo creador del mundo Yi, que se aleja de los hombres después de la creación dejando en su lugar a su espíritu divino Su, que es la fuerza espiritual que se encarna en sus máscaras y que será en encargado de proteger a los hombres en nombre de Yi. Tienen dos tipos de máscaras sagradas: Wamu, que participa en las fiestas lúdicas y profanas de los distintos poblados y también en funerales y otras ceremonias rituales. Las máscaras más sagradas, las Wankr, son las más antiguas y fueron reveladas a los antepasados. Participan únicamente en las ceremonias más sagradas y cuando no danzan se guardan en el santuario y se convierten en altares para el culto a Su. Como la mayoría de las máscaras burkinabés participan de manera especial durante la iniciación de los jóvenes, periodo destinado a la formación tanto de su carácter como de los conocimientos que deben adquirir relacionados con las cosmogonías de la etnia, el mundo de los antepasados, las reglas de conducta en la comunidad y muy especialmente el conocimiento de las máscaras. Como en todas las iniciaciones han de enfrentarse a pruebas morales y físicas muy duras si quieren acceder a la sociedad de los adultos. La mayoría de sus máscaras pertenecen a sociedades secretas de cazadores.
Los Gurunsi tienen numerosas máscaras, normalmente zoomorfas o antropozoomorfas. La mayoría de estas máscaras representan a los principales animales de su entorno, pájaros, lagarto, camaleón, búfalo, facocero y también animales domésticos como el gallo o el carnero, aunque en realidad no se trata de representar a una persona o a un animal concreto sino que representan, más bien, un ser imaginario
Estas máscaras, perteneciente en su mayoría a las sociedades de cazadores, participan en los ritos agrícolas, que tienen lugar en el mes de abril, destinados a la obtención de buenas cosechas y en los rituales que se celebran para alejar a las potencias del mal.

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