
Mujer Sin Brazos
Figura de mujer que cubre su desnudez con una pequeña braga negra.
COL-31
Texto del catálogo original
ORIGEN DE SUS MASCARAS:
I.- Su origen.
Las máscaras son la forma material asumida por los genios “Kosri”, chispas divinas, puros espíritus, que han tenido que adoptar rasgos humanos y una apariencia humana para dirigirse a los hombres.
La máscara está hecha a imagen del genio protector que aporta la salud y el bienestar colectivo al grupo. Es esencialmente una máscara con rostro masculino. Contrariamente a lo que ocurre con otras etnias de Costa de Marfil, las máscaras Webé jamás han representado un rostro femenino. Su explicación mítica es la siguiente:
En tiempos remotos, las mujeres y los hombres se declaraban la guerra. Entonces, un día, los hombres acudieron a consultar al genio Kosri: ¿Qué podemos hacer para lograr la amistad de las mujeres?, preguntaron. El genio les entregó la máscara “Guego” y los hombres regresaron al poblado. Obedeciendo el consejo que recibieron del genio, tomaron la máscara y fueron al encuentro de las mujeres. Al cabo de un día de marcha llegaron a su poblado y se pusieron a cantar: “Que Dios nos dé valor y que también les dé valor a las mujeres para que establezcamos una relación”. Al ver la máscara, la jefa de las mujeres, llamada Irudekan, se afeitó la barba, arrojó los restos al suelo y se marchó, seguida por las demás mujeres. Entonces, los hombres se pusieron a perseguirlas. Los que más corrían lograron coger al menos a veinte mujeres. Los que no lo lograron, permanecieron solteros para toda la vida. Y, desde aquel día, las mujeres no tienen barba.
Es una historia interesante que nos hace comprender por qué muchas estatuas de diversas etnias africanas representan a la mujer con barba, como ocurre con las antiguas estatuas Baluba.
Para los Yacuba, las máscaras son las leyes de la naturaleza, entregadas por los genios celestes a los hombres para facilitar su vida en la tierra. Así, los genios dictan sus reglas de vida y organizan la sociedad. Cada máscara desempeña, de una manera concreta, una función bien definida derivada de la ley y, todas ellas, juegan un papel social, como, por ejemplo, perseguir y castigar a los hechiceros, proteger a los miembros de la familia, administrar justicia o conceder la fertilidad a las parejas estériles.
II.- Fabricación de las máscaras.
Existen dos categorías de máscaras, llamadas por los autóctonos Grandes y Pequeñas Máscaras. Las primeras cumplen una función de utilidad social, mientras que las segundas interesan al individuo únicamente a nivel personal y sólo le sirven para exaltar su potencia viril. Según la categoría a la que pertenezcan, su fabricación ofrece distintas variantes.
a.- Fabricación de las máscaras individuales
Estas máscaras son de dos tipos: las máscaras de carreras llamadas Plehesri y las máscaras de danza cuyo nombre es Tidisri. El procedimiento de fabricación es común a las poblaciones yacuba y webé. Su forma exterior es sensiblemente la misma y sus cánones de belleza idénticos.
Un muchacho deberá estar circuncidado para adquirir de derecho de fabricar una máscara pero deberá informar y solicitar la autorización del antepasado del clan, quien a continuación se pondrá a buscar el árbol adecuado para tallar el objeto. Este árbol recibe el nombre de “Kôhu” en webé y de “go” o “gueu” en dialecto yacuba. Cuando después de interrogar a los dioses hace su elección el anciano, el árbol se convierte en un “Kôhu” para los miembros del clan totémico. Las mujeres no pueden estar presentes y deben evitar pasar cerca del lugar si no quieren acarrearse alguna desgracia. El anciano bendice el árbol que será abatido, por hombres circuncisos, en el momento propicio indicado por los oráculos. Ahora es cuando el hombre o el joven circunciso podrá extraer del árbol el trozo que le servirá para confeccionar su máscara. Como en muchas otras regiones, de un árbol sólo podrá hacerse una máscara.
El hombre se instala lejos de la mirada de las mujeres. Parte su tronco en varios trozos y cogerá el que mejor corresponda a las dimensiones deseadas para la máscara. Con la ayuda del hacha y de la azuela tradicional irá desbastando el trozo de madera y procederá a tallar la máscara. Siempre se comenzará por el interior, que es la parte más cercana al corazón del árbol y la que se aplicará directamente sobre el rostro. Con estas herramientas irá ahuecando la cara interna y dando la curvatura necesaria a la externa antes de proceder al tallado más fino. Pulirá la cara interior con arena para que quede bien lisa. Luego ira esculpiendo la otra cara, es decir, el rostro de la máscara, empezando por el ojo derecho porque es el que permite la visión a la máscara. Será, por lo tanto, más ancho que el izquierdo. Además, por la forma del ojo, dispondrá de un amplio plano de visión horizontal, pero no podrá verse los pies. Luego esculpirá el ojo izquierdo. A continuación la nariz, los labios y la boca. Eventualmente podrán insertarse dientes, que podrán ser humanos, de origen animal, pequeñas láminas de metal o clavos. Una vez realizados todos sus rasgos, se pule toda la cara con arena. Llegados a este punto la máscara tiene el aspecto de un objeto de madera blanca y es cuando hay que aplicar el tinte definitivo.
Las máscaras individuales reciben siempre un tinte negro pero muy característico. Por el contrario, la cara interna, deberá guardar su color natural. Cuando la máscara se ha secado completamente, el artesano, con una fina varilla de hierro calentada al rojo vivo, hará unos pequeños agujeros, rodeando el contorno del rostro y siguiendo una línea contigua, que permitirá coser una tela alrededor de la máscara. Hubo una época en la que con estas operaciones se daba por terminada la confección de la máscara, pero desde hace ya bastantes décadas se ha tomado la costumbre de añadir como adorno unos círculos metálicos rodeando los ojos.
Aunque materialmente la máscara esté terminada no puede utilizarse hasta después de recibir la bendición del más anciano de la estirpe. El anciano cogerá, perpendicularmente a él, sobre sus manos abiertas, la máscara cuyo mentón estará orientado hacia la izquierda. El muchacho o el hombre que la ha fabricado juntará sus manos colocando la derecha sobre la izquierda, con las palmas avanzadas y los dedos entrecruzados, sobre el rostro de la máscara.
Es el momento en que el anciano pronuncia la siguiente oración :
“Mi bella máscara,
mi santa y afortunada máscara,
yo te ofrezco la dirección de mi familia
y de mi pueblo
durante toda la vida”.
La máscara pertenece a partir de este momento a la persona que la ha esculpido, quien la conservará, envuelta en un lienzo, dentro de su propia choza. Cuando su propietario desee utilizarla, revestirá una indumentaria especial y se cubrirá con el rostro tallado en madera. La máscara no es sólo el objeto de madera, es el conjunto del objeto y de su vestimenta tradicional.
Con excepción del artista o del herrero, un hombre normal fabrica una sola máscara a lo largo de su vida. La fabricará después de la circuncisión y deberá conservarla hasta su muerte. A veces, pareciéndole que ha perdido su belleza esculpirá otra máscara. Después de bendecida esta segunda máscara, la primera pierde todo su valor, queda desacralizada. Sólo las máscaras no utilizadas y que han perdido su valor ritual podrán ser abandonadas en manos extrañas. Si se diera la vieja máscara antes de bendecir la nueva, añade un informador, “… sería como confiar su propia naturaleza y su país a un extraño …. y nada de lo que hiciéramos en adelante podría tener éxito”.
El niño no circunciso se ejerce durante mucho tiempo en la fabricación de las máscaras, hasta adquirir la habilidad necesaria que le permitirá un día hacer una máscara respetando los cánones de belleza establecidos. Las máscaras de los jóvenes no son negras, este color les está reservado a las máscaras de los hombres. Conservan siempre el color natural de la madera y su acabado nunca es perfecto. Con frecuencia, como una broma simbólica, llevan una mancha de sangre en la frente.
Una máscara bella se reconoce por la perfección de sus formas. Sus paredes deben ser muy finas, pómulos marcados, y la cavidad interior muy cóncava, de forma que el rostro de su portador encaje perfectamente. Su frente deberá ser abombada.
b.- Fabricación de las máscaras de utilidad pública.
Una familia de especialistas transmite de padres a hijos la responsabilidad de la fabricación de las máscaras que seguirá exactamente las mismas fases que en el caso de las máscaras individuales. Cumplirá las mismas reglas, pero no se insistirá en la representación fiel de un rostro humano sino en su símbolo. Las máscaras de utilidad pública no son necesariamente negras, con frecuencia son rojas. Una vez terminada de fabricar, se decora el rostro con caolín o pintura verde. Al igual que las máscaras individuales, estas máscaras se consagran en el transcurso de una ceremonia.
La vestimenta tiene aquí una importancia considerable. El jefe del poblado decide por sí mismo su composición que permanece secreta y conserva cuidadosamente oculto el conjunto formado por eel rostro de madera, los ropajes y los atributos.
c.- Las prohibiciones de la máscara: ¿en qué consisten?
Las máscaras encierran todo el poder de los antepasados. Es un poder benéfico que ha de ser conservado de lo contrario el poblado y el individuo serían abandonados por la suerte y fracasarían en todas sus empresas.
El secreto, celosamente guardado frente a extraños y no iniciados, es la salvaguarda de su poder, de su potencia. Este secreto debe abarcar todo lo que concierne a la máscara, su origen, la forma de incorporarse en un objeto, su relación con el mundo de los antepasados y de los espíritus, sus atribuciones, etc. Esta es una de las razones por las cuales se mantiene al abrigo de los curiosos el material que ha servido para su fabricación, hay que protegerlas contra cualquier indiscreción o ataque exterior posible.
Las prohibiciones que afectan a los extraños y a los no iniciados constituyen un medio de defensa de la sociedad. Pero son también una salvaguarda del extraño y del no iniciado que no poseen ninguna fuerza capaz de ofrecer una resistencia eficaz al inconmensurable poder de los antepasados. La intensidad de este poder es tan grande que constituye un peligro considerable. El extraño o el no iniciado que tuviera que enfrentarse a este poder, sería destrozado.
Estos interdictos varían en función de las personas o de las máscaras consideradas. Consisten esencialmente en una prohibición de ver las máscaras, de participar o de asistir a las ceremonias en las que participan las máscaras, de conocer su origen mítico, sus nombres, los procedimientos de fabricación, su simbolismo, sus cantos y sus funciones.
De una manera general, las máscaras pertenecen a dos categoría :
- aquellas que no pueden ser vistas, en ningún caso, por las mujeres o los extraños,
- aquellas que pueden ser vista por todo el mundo.
Tampoco los hombres pueden portar todas las máscaras indistintamente. E, inclusive, se acercarán con mucha precaución a una máscara individual de la que no son propietarios.
Las prohibiciones más severas se aplican a los extraños al poblado. Consisten en una prohibición absoluta de verlas y, por consiguiente, en ningún caso pueden asistir a su “salida”. Esta prohibición no tiene ninguna excepción.
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Figura de mujer que cubre su desnudez con una pequeña braga negra.
COL-31

Estatua de un hombre sentado en un taburete. Piernas flexionadas.
EMS-31

Cuchara Wa Ke Mia: son las cucharas festivas o de ceremonia, que honran a la mujer hospitalaria.
CHR-18

Es una máscara de diversión que aparece en las fiestas populares.
MFANT-136

Figura de aspecto tosco que se asemeja al estilo de sus parientes los Kran de Liberia.
PLYTL-31