Agni

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Texto del catálogo original

En el siglo XVII distintas facciones Akan, provenientes de Dankyira, en lucha contra su soberano huyen de Ghana y se instalan en Costa de Marfil, una en la zona que recibe el nombre de Agnibilekro y otra se extiende por el sur ocupando la costa e instalándose en los pequeños reinos de Ndenyé, Bettié, Moronu y principalmente creando el poderoso reino de Sanwi y su capital Krinjabo, sede del rey, aunque fue Aboisso la cuna de este poderoso y antiguo reino, el más importante y antiguo de Costa de Marfil. La organización administrativa del reino se basa en los cantones cuyos jefes dependen directamente del rey y bajo cuyo mando están distintos jefes de poblado. Pero tanto los jefes de cantón como de poblado gozan de una amplia autonomía. También fue importante el reino de Ndenyé cuya principal ciudad es Abengurú.

Como muchos otros pueblos animistas piensan que el antepasado puede reencarnarse en el niño recién nacido, pero que el alma del niño también puede provenir del poblado de las almas en el que ha dejado una familia para venir a la tierra. Contará con la protección de su madre espiritual hasta que mediante la iniciación se incorpore definitivamente a la comunidad humana. Puede también hacerle morir para que vuelva con ella, por lo que la madre terrestre si o quiere perder a su hijo deberá observar toda una serie de prohibiciones rituales empezando por suprimir durante el embarazo los alimentos que pueden ser nefastos para la correcta evolución del feto. El séptimo día después del nacimiento, tras un periodo de aislamiento de la madre y el hijo se celebrará una ceremonia para sustraerle a las influencias del más allá, para lo cual será cubierto de todo tipo de brazaletes y collares, atados a su cuerpo, para retenerle en este mundo. Una anciana de la familia frotará la frente del niño con caolín y sus labios con limón, al tiempo que se le pone un nombre, normalmente compuesto en el que se incluye el día de la semana en que nació y el de la persona o genio encarnado en el niño.

Al igual que la mayoría de los pueblos Akan, tienen una gran relación con el oro. Han sido los primeros en instaurar su uso como moneda de pago. Además de la Fiesta del Ñame, que ellos introdujeron en Costa de Marfil y que es base de la alimentación, celebran la Fiesta del Oro, día en el que las familias exponen ante sus puertas todos los objetos fabricados con este precioso metal, collares, brazaletes, pesas, bastones o estatuas. Los descendientes de cada familia deben aumentar este patrimonio.
La Fiesta del Ñame reviste una gran solemnidad, es el momento de una intensa comunicación con el espíritu de los antepasados y con la tierra que ofrece sus frutos para alimentar al hombre. La Fiesta se inicia rindiendo culto a la silla real símbolo de la soberanía del pueblo Sanwi. Tras las libaciones se procede al baño ritual del rey que posteriormente, vistiendo sus mejores galas, será llevado en triunfo al poblado mientras que las Komians, sacerdotisas, vestidas de blanco purificarán el poblado con libaciones de caolín. Los festejos acabarán con las ofrendas y los platos de ñame que serán ofrecidos en primer lugar a los antepasados y a los fetiches.
Conocidos también como Anyi han producido principalmente figuras de terracota realizadas en honor y recuerdo de antepasados de alto rango. Los rostros suelen ser muy naturalistas, los cuerpos más bien cilíndricos y los cuellos anillados. Rinden culto a estas imágenes, en los santuarios, pues están persuadidos de que las almas de sus difuntos residen en ellas. Son conocidas como terracotas de Krinjabo.
Para los Agnis del reino de Sanwi los antepasados son elevados al rango de divinidad con el nombre de mà, nombre que también reciben las pequeñas estatuas de terracota que les representan. Como en la mayoría de los pueblos animistas africanos el ser humano no muere, sólo su cuerpo vuelve a la tierra de la que procede y el espíritu pasa a otra dimensión, pero para algunos Agnis su espíritu se reencarna en una mujer de la etnia. Y es también una mujer, la hechicera, quien modelaba estas mà o representación de los difuntos. En otros tiempos se celebraba un día semanal de fiesta en honor de los mà o muertos vivientes.
Estas estatuillas mà eran colocadas sobre las tumbas o depositadas en un lugar alejado del poblado y recibían alimentos y libaciones y sangre de víctimas de los sacrificios para salvaguardar la vida de las mujeres que las habían fabricado. Eran lavadas una vez al año.
Cuando un soberano moría se sacrificaban numerosas víctimas humanas, además de sus esposas y concubinas, esclavos y esclavas para que le sirviesen en el más allá.
Las mà o bà estaban dedicadas al culto a los antepasados al ser el receptáculo del espíritu del ancestro divinizado. Se modelaban delante del cuerpo presente del difunto acompañado por los lloros de las plañideras. Los mà se iban amontonando y eran alimentados el día de la fiesta semanal. Estas costumbres al igual que los sacrificios cruentos cesaron en el año 1901. Según el especialista B. Holas las distintas informaciones de las que se disponen sobre el tema son bastante contradictorias.
Estas figuras han aparecido en distintos lugares del antiguo reino de Krinjabo, cerca de Aboisso. Parecen datar de los siglos XVI a XIX. En su mayoría han aparecido solamente cabezas con signos de que los cuerpos se han ido rompiendo. En otros casos fueron, en su tiempo, deliberadamente separadas del cuerpo. Son muy pocas las piezas que se han conservado enteras y muchas de ellas con roturas o desconchadas. Nos encontramos ante una mà de elegante factura adquirida en Abiyán a mediados de los años sesenta del pasado siglo.

Los hijos ocupan un lugar central, pues como dice el adagio agni “alimenta a tu hijo hasta que le salgan los dientes para que él te alimente cuando hayas perdido los tuyos”.

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